El sujeto era estadounidense. Y feliz. Estaba casado, tenía dos hijos, un buen trabajo y una garganta irritada. Por eso decidió pedir vez para ir al medico antes de ir a trabajar. Una voz muy amable al otro lado de la linea telefonica le dijo que el doctor Felipez le atendería a las 9 en punto del dia siguiente. Fantastico, solo perderia media hora de trabajo. Con esta alegria se fue a dormir.

El sujeto se despertó a las 7 y media, se duchó, afeitó, desayunó, vió el telediario, se despidió de su mujer, despertó a sus hijos para ir al colegio, se despidió tambien de ellos y a las 9 menos cuarto se plantó en la sala de espera de la consulta del doctor Felipez, porque es mejor llegar un poco antes que un poco después.

En la sala había mucha gente, que tambien esperaba. Personas normales, aparentemente. Una madre con su hija pequeña, un señor que leia el As, un hombre de traje, una adolescente que leia sus mensajes con el movil, dos ancianas que se hablaban de una punta a otra de la sala... . Ya eran las 9 y cinco, pero el doctor aun no le había llamado.

Igual que cuando se apaga de golpe la luz al principio todo es oscuridad pero poco a poco el ojo va encontrando los sitios de luz por minimos que sean, el oido del sujeto se fué haciendo cada vez mas fino. Lo que en un principio solo era un murmullo se fué convirtiendo en una sinfonia en la que cada persona, cada objeto, era un instrumento.

A las 9 y cuarto la voz de la niña que estaba con su madre se hizo insoportable. Sus "mamá, cuanto falta" perforaban el oido del sujeto cada vez mas hondamente. A las 9 y media, el señor que leia el As era la persona mas molesta del mundo, haciendo un ruido asqueroso cada vez que se mojaba el dedo para pasar la pagina, que hacia ruido también. A las 10 menos cuarto llamaron por telefono al hombre de traje. No le pareció una buena idea abandonar la sala para atender la llamada, y desde ese momento su aguda voz y un murmullo que salia del auricular del telefono formaron parte del ambiente. El sujeto se estaba poniendo nervioso, y ya eran las 10.

A las 10 y cuarto la adolescente seguía con el movil. No solo leia mensajes, sino que tambien los mandaba ella, con el rapido y sonoro teclear del habitual de la mensajeria. Tecleaba, enviaba, pasaban dos minutos, su movil le avisaba sonoramente de que tenia un nuevo mensaje, lo leia, de su boca salia un solo jaj, volvia a teclear, enviar y así hasta el infinito. A las 10 y media las ancianas ya no eran ancianas, sino viejas, y ya no se hablaban, se gritaban la una a la otra, y reian a carcajadas. En sujeto ya no lo aguantaba más, y a las 11 menos cuarto empezo a molestarle su propia respiración, y por el nerviosismo hacia ritmos con sus dedos sobre la silla, y tambien le molestaba.

Cuando a las 11 la voz de la niñita, el pasar de paginas del señor del As, la conversación del hombre de traje, el teclear de la adolescente, las viejas que gritaban, su respirar, el tictac de su reloj y sus propios pensamientos le iban hacer estallar la cabeza, el doctor Felipez apareció en la sala diciendo que se habia quedado dormido, y que en breve comenzaría a llamar. El sujeto estuvo a punto de cometer una locura, pero era el primero de la lista, y por un breve instante se sintió en paz consigo mismo.

El doctor le preguntó que le pasaba, le metió un palo en la boca, y le dijo que tenia un pequeño catarro y que se tomase una aspirina. ¡Siguiente! Pero al sujeto no le pareció bien perder toda la mañana por cinco minutos, le empezó a hervir la sangre, saco una pistola del bolsillo, mató de un tiro en la cabeza al doctor Felipez, salió a la sala de espera, mato a la niña, a la madre, al señor, a las viejas, a la adolescente y a todo el mundo en la sala. Y despues se suicidó.

Evidentemente, lo hizo todo en el orden equivocado. Y no se dió cuenta de que el resto de personas tambien esperaban al doctor Felipez. Pero así funciona el mundo y cualquier demente te puede joder la vida porque a él no le gustan las reglas del juego.