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La Coctelera

El cuentista de Hamelin

Historias que no interesan ni a Lindsay Lohan (Google me dió un respiro) y otros fracasos

Categoría: Mi propio detective tipico-topico-utopico

5 Septiembre 2007

Un saludo terrorífico, dos miradas divertidas, un asesinato y mucho dinero

Aroa, la chica que siempre está ahi, me paso la ficha que la mujer preocupada había elaborado. Contenía datos varios sobre su marido: horarios, rutina que seguía cada dia, nombre, dirección... y una foto. Era un hombre gordo de cabeza pequeña desprovista de pelo y cara de mala hostia. Me resultaba muy dificil creer que un hombre así fuese infiel, mas por motivos fisicos que morales. Aun que tambien me resultaba dificil creer que ese hombre estuviese casado, pero que se yo sobre el amor. Le dije a Aroa que pasase un buen dia y salí a la calle.

Según los datos que tenía, Francisco Ramos, el señor gordo, presidía una pequeña empresa distribuidora de papel. A esta hora debería estar en su despacho, en el primer piso de un edificio a ocho manzanas de mi despacho. Decidí ir andando para despejar mi cabeza, y a medio camino, Dios, que nunca ha sido mi amigo, decidió que era hora de que empezase a llover. Llegué empapado a la puerta del edificio, en la que estaba el portero bajo un paraguas. No me pareció un tio de los que te digan asi por las buenas si la gente que le paga esta en este momento tirandose a alguien, asi que le pregunté si el señor Ramos estaba en alguna reunión, y tras la respuesta negativa, seguida de un "está solo, pero no acepta visitas", decidí irme a la cafetería de enfrente a esperar, pues faltaba poco para su aperitivo de media mañana.

Entré, y lo que por fuera parecía una cafeteria, era en realidad un antro. Me sorprendió un lugar de tan escaso gusto en el centro de la ciudad. Pedí otro café y me sirvieron una taza de infierno. Me fijé en que tres mesas a la izquierda, una chica recien salida de la adolescencia miraba divertida como yo intentaba tragarme mi brebaje. Le dediqué una de mis mejores miradas de odio, y me centré en la puerta del edificio de enfrente. No tardó en salir el señor gordo, que era incluso mas feo en persona. Entró en el tuburio, se sentó en la mesa mas cercana a la puerta y a un gesto de su mano, la camarerá le sirvió un bocadillo y una cerveza. Podría apostar a que era su mejor momento del dia. Cinco minutos despues unos hombres entraron por la puerta, se sentaron en una mesa vacía y saludaron a Francisco. Su rostro pasó como una rafaga de la felicidad al terror. Se levantó como un fuego y salió balbuceandole a la camarera algo asi como un "apúntamelo". La historia de como un saludo puede cambiar tanto el gesto de un hombre sonaba muy interesante, pero como me pagaban por seguir al hombre gordo, me limité a sacarles una foto con el movil, y, previo pago del café, salí del antro y busqué con la mirada al gordo.

Estaba en la acera, buscando un taxi. Hice lo mismo. Llegaron dos, me subí en el segundo y le dije al taxista que siguiera al primero. Fue glorioso estar por fin en una situación en la que esa frase tan peliculera viniese a cuento. Tras veinte minutos de paseo por la ciudad entre semaforos, coches y asfalto, el primer taxi se detuvo, y de el salió el señor gordo, visiblemente nervioso. Me saqué un riñón, se lo di al taxista y salí del taxi. Ramos entró en un edificio. Esperé medio minuto y entré yo también. Vi que el ascensor se paraba en el piso 3, y empecé a subir por las escaleras, cuando sonó un disparo y tres hombres bajaron atropelladamente por ellas. Me empujaron, caí al suelo y siguieron corriendo. No pude verles las caras y creo que ellos no vieron la mia. Subí finalmente hasta el tercer piso, y me encontré con un hombre tirado en el suelo. Era Francisco Ramos. Estaba muerto.

Llamé a la policia. Me llevaron a comisaría, donde me tuvieron lo que a mi me parecieron tres lustros contestando a preguntas que claramente buscaban colgarme el sanbenito del asesinato. No lo consiguieron y cuando ya empezaba a anochecer, me dejaron irme por fin. Comencé a andar por la acera camino al despacho, aun bajo la lluvia, cabizbajo. Por lo menos la mujer podria estar segura de que su marido no le iba poner los cuernos en un futuro. Levanté un segundo la vista del cielo, y vi que en la acera de enfrente la chica de la cafetería estaba otra vez ahí, con su mirada divertida. Sin duda mi vida era un chiste. La ignoré. Llegué al despacho, donde Aroa me estaba esperando preocupada. Le expliqué lo sucedido y ella añadió que la mujer del gordo había traido un sobre hace dos horas "exclusivamente para James". "Lo mio es tuyo", le dije. Y abrí el sobre. En el había un cheque por valor de 100.000 euros. "Aroa, este mes ambos vamos tener paga extra". Meti la mano hasta el fondo del sobre y saqué tambien una pequeña nota. La leí:

"Francisco Ramos solo es una pieza del puzle. Investigue, detective".

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1 Septiembre 2007

El prota, la chica que siempre está ahí y el comienzo

Igual que la vida, cualquier historia debería comenzar con una noche de amor. La mia no es una historia modelica, y por eso sólo era sexo. Me levanté de la cama sin hacer mucho ruido, me vestí haciendo menos aun, y sigilosamente procedí a salir de su habitación y de su vida, pero...

-¿James?-dijo ella-.¿A donde vas?
-Lo siento nena. Tengo trabajo-contesté.
-¿Te volveré a ver?
-Mi vida es una historia de cine negro, y en esas historias las relaciones entre el prota y la chica noble nunca acaban bien. Es mejor dejarlo aquí. Buscate un hombre decente, e invitame a la boda.
-Pero lo nuestro no tiene que ser cine negro, puede ser un cuento de hadas. Quedate y cambiemos la historia.
-No puedo escapar a mi destino. Adios.
-¡¡Que te jod...!!

Fueron las ultimas palabras que escuche de su boca. No eran grandes palabras, no, pero yo sabia que actuaba correctamente. Lo nuestro no iba durar. Me pediría cosas que yo no podría darle y ambos sufririamos. Era mejor así. Bajé por el ascensor y aproveché para intentar arreglarme un poco en su espejo: barba de dos dias, ojeras y el pelo despeinado. No habia arreglo posible. Salí a la calle y hacia un frio que pelaba. Fuí hacia mi viejo 205 y vi que alguien habia escrito "gilipollas" en el cristal empañado. Vaya, quizas tenia razón. Entré, le di al play a la cinta recopilatoria de Led Zeppelin hecha por mi, y a ritmo de "Whole Lotta Love" me dirigí hacia mi pequeño despacho. Dentro me esperaba Aroa, la chica que siempre está ahi. La conocí hace 4 años, recien sacada mi licencia de detective. Yo tenia 18 y no sabia por donde empezar, ella 16, acababa de escapar de casa de sus padres y era mucho mas espabilada que yo. Me ayudo en los comienzos y dos años despues un contrato laboral concluyó que el trabajo que desempeñaba para mi se llamaba "secretaria". No cobraba mucho, y ambos sabemos que con mis ganancias no podía pagarle mas. Y nunca se quejó ni buscó otra cosa, por lo que supongo que le gustaba lo que hacía. Atendia las llamadas, ponia al dia los avances de mis casos, basicamente hacia todo el trabajo de oficina, permitiendome a mi centrarme en el de campo. Ambos tardamos mucho en darnos cuenta de que eramos el uno para el otro, y lo que pudo ser un fogoso romance se convirtió en una solida amistad. Ahora ella estaba casada con un tio decente y tenia dos hijos muy majos. Tal vez fué mejor asi.

-Hola, James-me dijo con su calida voz. ¿Un café?
-Me lees el pensamiento. ¿Que tenemos hoy?¿encontrar a un amante que la cliente pensaba muerto en la guerra?¿evitar que una pareja de ancianos pierda todo lo que tiene?¿hacer del mundo un lugar mejor?
-Va a ser que hoy tampoco. Solamente una mujer, que quiere que espies a su marido, presunto infiel.
-Genial, una nueva dosis de enfermiza rutina. Moriré reviviendo el mismo dia una y otra vez-me lamenté, dandole un sorbo al maravilloso café de Aroa.

Lo que no sabia era que ese caso cambiaría, para bien o para mal, el resto de mis dias en este mundo.

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El cuentista de Hamelin

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No me gusta mi vida y no me importa la tuya. Ante este dilema.... ¿que me queda mas que la ficción? Lo mas duro de todo es saber que nunca lograré que el contador de visitas deje de descolocarme el texto...

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